La idea vino de Philippe Chatrier, presidente de la Federación Francesa de Tenis en los años 1970. El torneo de Roland-Garros cambia de dimensión: la televisión en color lo instala en todos los hogares, el tenis se convierte en un deporte mundial, y el Grand Slam parisino quiere una identidad gráfica fuerte. En 1980, Chatrier encarga un cartel a Valerio Adami, pintor italiano vinculado a la Figuración Narrativa. Es el primer cartel oficial de Roland-Garros concebido como una obra de arte.
Adami establece los códigos: la tierra batida se trata como un plano de color, el jugador está estilizado, la composición toma prestado del pop art y del cómic. El cartel se tira en unos 8.000 ejemplares litografiados, firmados y numerados. Se vende durante el torneo, y algunas piezas pasarán a colecciones privadas en la siguiente década.
Cuarenta y seis artistas, cuarenta y seis miradas
A partir de 1981, la FFT sistematiza el encargo. Eduardo Arroyo, pintor español exiliado político, firma la edición. En 1983, el torneo encarga el cartel a Hans Hartung, figura señera de la abstracción lírica. La lógica es clara: alternar figurativo y abstracto, artistas jóvenes y figuras consagradas, franceses e internacionales.

Antoni Tàpies en 1991, Ernest Pignon-Ernest en 1989, Konrad Klapheck en 1996, Jane Hammond en 2002. Los comisarios sucesivos juegan con los contrastes. Algunos carteles se han vuelto icónicos: el de Tàpies cotiza a varios cientos de euros en el mercado del arte litográfico, y el de Pignon-Ernest - con un cuerpo de jugador fotográfico injertado sobre la tierra - sigue apareciendo en colecciones de tenis.
Cada año, el encargo llega en septiembre. El artista tiene seis meses para entregar una obra original, que se tirará en 8.000 ejemplares en litografía.
Centenario, rupturas y litografías firmadas
2003 fue un año bisagra: el centenario del torneo fue la ocasión de un formato inédito. La FFT edita el cartel de Jaume Plensa con una tirada de honor firmada, vendida directamente por la tienda del torneo en Roland-Garros, Porte d'Auteuil. Los compradores vuelven ahora cada año. El mercado de carteles Roland-Garros existe, con sus cotizaciones, sus piezas raras, sus láminas que han envejecido mal.
El cartel de 2024 está firmado por Fabienne Verdier, pintora francesa conocida por sus gestos monumentales con el pincel, a veces ejecutados sobre lienzos de 4 metros. El gesto deportivo y el gesto pictórico se responden mutuamente. Es esta intuición la que el encargo de la FFT persigue desde hace cuarenta y seis años.

Leer un cartel Roland-Garros
Tres elementos reaparecen casi siempre: la tierra batida (rojo anaranjado, a veces tratada como un fondo completo), una raqueta (en silueta, en plano o en detalle), un gesto (el servicio, el revés, el impulso). El resto se deja al artista.
Para el coleccionista principiante, el valor depende del estado (los colores de las litografías antiguas tienden a desvanecerse si el cartel ha estado expuesto al sol), de la firma (numerada a mano por el artista, a distinguir de una simple impresión offset) y de la rareza (las ediciones de los años 80, en tirada limitada, son más raras que las recientes).
En Montmartre Poster no reproducimos los carteles oficiales de Roland-Garros (con copyright de la FFT). Ofrecemos una selección de carteles de tenis originales, en el espíritu de la Belle Époque y el Art Deco, que cubren un siglo entero de diseño deportivo.






