Un salón al final del día, las cortinas a medio correr. Sobre el sofá, un póster muestra una bahía de la Riviera; el agua pasa del turquesa al azul profundo, y una línea de colinas cierra el horizonte. Puede que estés en un tercer piso sin vistas, y aun así la pared parece haberse abierto hacia algo más lejano. Eso es exactamente lo que hace un buen póster de paisaje: añade profundidad donde no la había.

El paisaje es seguramente el tema más sereno para colgar en casa. El ojo sigue de forma natural la línea del horizonte, se posa en el cielo y vuelve a bajar al primer plano. Ese recorrido frena la mirada, y es justo lo que se busca en una habitación de descanso. Queda elegir el horizonte adecuado, la temperatura de color justa, y dejarle bastante sitio en la pared para que respire.

El horizonte, línea directriz de la habitación

Todo paisaje se sostiene sobre una línea: la que separa el cielo de la tierra o del agua. Colocada alta, da peso al primer plano y una sensación de cercanía. Colocada baja, abre un gran cielo y un efecto de vacío que apacigua. Al colgar, se busca alinear esa línea de horizonte con un elemento del mobiliario, el respaldo del sofá, el cabecero, la encimera de un aparador. El póster deja entonces de flotar y se ancla en la habitación. Para un formato vertical de montaña, se mantiene en cambio la verticalidad de la cima bien centrada sobre el mueble.

Cálido o frío, la elección del ambiente

  • Horizonte cálido (ocre, terracota, dorado): caldea un salón orientado al norte, perfecto sobre un sofá.
  • Horizonte frío (azules, grises, verde agua): apacigua un dormitorio y acompaña el despertar sin cansar el ojo.
  • Costa luminosa: ideal en un recibidor o un pasillo, lleva la mirada hacia el fondo.
  • Montaña y nieve: gran formato vertical, reservado a un lienzo de pared despejado, sin competencia.

Formato, altura, marco

Un paisaje casi siempre gana al verse grande. Sobre un sofá de dos metros, se apunta a un póster de 50 x 70 cm como mínimo, o a un gran 70 x 100 cm para un verdadero efecto de ventana. Se centra la imagen en torno a 1,55 metros del suelo, a la altura de la mirada, y sobre un mueble se dejan 25 a 30 cm entre el alto del respaldo y el bajo del marco. En cuanto al marco, una madera clara, roble o fresno, prolonga los horizontes cálidos y la luz del sur, mientras que un marco negro fino ciñe un paisaje frío y le da un porte casi fotográfico.

Un póster de paisaje no decora una pared, la perfora. Añade una distancia que la habitación no tiene, y es esa distancia la que descansa.

En Montmartre Poster, la colección de paisajes reúne rivieras mediterráneas, montes nevados y horizontes viajeros, impresos en papel de arte de 275 g/m². Lo justo para abrir, sobre un sofá o una cama, la ventana que le faltaba a la habitación.