Una cómoda en un dormitorio, una noche. Encima, un póster de gatos entre flores, dibujado plano, con espíritu de arte naíf. El niño lo mira antes de dormir, los adultos lo encuentran bonito al despertar. El póster de animal tiene esa cualidad rara: habla a las dos edades a la vez, siempre que no se elija demasiado infantil ni demasiado serio. Todo se juega en el estilo del dibujo y en la dulzura de la paleta.

El animal recorre toda la historia de la imagen, del gabinete de curiosidades del siglo dieciocho, con sus láminas de historia natural, hasta los frisos de animales de los cuartos infantiles. Entre ambos, una gama enorme: del realismo erudito a la silueta gráfica, del caracol a la ballena. Es esa amplitud la que permite a un solo póster viajar de una habitación a otra con los años.

Naíf o realista, dos escuelas

El animal naíf, tratado plano, en planos de color y formas simples, va de forma natural hacia el cuarto del niño y las estancias alegres. Se lee de lejos, nunca inquieta y aguanta los colores vivos. El animal realista, en cambio, lámina de historia natural o silueta detallada, aguanta mejor en un salón o un despacho, donde da la nota de gabinete de curiosidades. Entre ambos, la silueta gráfica, un gorila en plano naranja por ejemplo, hace de puente: bastante estilizada para un dormitorio, bastante fuerte para una pared de adulto.

La paleta, clave de la edad

  • Cuarto de bebé: rosa empolvado, verde agua, beige, formas redondas y mucha calma.
  • Cuarto de niño: colores francos pero pocos, dos o tres tonos como mucho.
  • Salón: tonos terrosos, ocre, terracota, negro, para un animal realista o en silueta.
  • Despacho: un solo animal gráfico, monocromo o bícromo, sin recargar alrededor.

Colgar sin caer en lo ñoño

La trampa del póster de animal es la acumulación enternecedora: seis animales monos en fila, y el cuarto acaba pareciendo un envase de yogur. Mejor una pieza fuerte, bien centrada, que una colección. En un cuarto infantil se baja la altura de colgado a la del niño, en torno a 1,20 metros, para que pueda mirar de verdad la imagen. En cuanto al marco, una madera clara o un marco blanco suaviza el conjunto en un dormitorio, mientras que un marco negro da seriedad a un animal realista en el salón. Se deja siempre un poco de pared vacía alrededor: el animal necesita espacio para existir.

Un buen póster de animal crece con el niño. Elegido por su dibujo y no por su tema, pasa del dormitorio al pasillo sin parecer nunca infantil.

En Montmartre Poster, las colecciones de animales y niños reúnen gatos naíf, medusas minimalistas, siluetas gráficas y criaturas marinas, impresos en papel de arte de 275 g/m². Lo justo para componer un cuarto infantil que no cansará ni al niño ni a los padres.